Mundo Violeta
  Prólogo
 
Los rayos caían uno tras otro, cada vez más seguido.
Mientras tanto, los vecinos de Wilkes-Barre buscaban refugio en los secos y cálidos interiores de sus hogares. En un rincón del suelo del salón de la vivienda número cuarenta y tres de Dafford Street, unos gritos se expandían por toda la casa.

— ¡Sólo un poco más, señora Kline!—exclamó el doctor.

Desde luego, la joven mujer no había resultado muy oportuna; más bien era incluso molesto—y tremendamente somplicado—para el médico el haber de desplazarse hasta allí para asistir en un parto aquel día. El año 1910 estaba siendo caracterizado por las múltiples tormentas en el mes de mayo que sacudían a lo largo de todo el estado de Pensilvania.

—¡Enhorabuena, es un varón!—gritó el doctor repentinamente.

—¡Un niño, un niño!—vociferaba el anciano de la mecedora.

—¿Ya nació?—interrogó un hombre poco mayor que la señora Kline al tiempo que irrumpía en la estancia.

—¡Es un niño!—exclamó la mujer mayor que se hallaba arrodillada junto a la madre.

—¡Dejadme que vea a mi hijo!—gritó el hombre mayor.

La mayoría de los presentes se retiraron para que éste pudiera contemplar a su pequeño recién nacido en brazos de su madre.
Sin duda, el pequeño Franz Kline era el vivo retrato de sus progenitores.
Visto de este modo... tan frágil, tan pequeño, tan lleno de vida; ¿quién diría que ese bebé escondía una enorme fuerza? ¿quién hubiera pensado que marcaría una nueva forma de pintar?




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